Carne de laboratorio y otros 20 alimentos que cambiarán nuestra forma de comer en el futuro
Los alimentos del futuro
Desde la carne cultivada en laboratorio hasta las verduras cultivadas en el espacio, el futuro de la alimentación está llegando más rápido de lo que crees. Estas innovaciones revolucionarias están transformando nuestros platos, impulsadas por la sostenibilidad, la tecnología y los cambios en los gustos. Se trate de sensores comestibles o de lácteos sin origen animal, aquí analizamos los nuevos inventos que nos permiten vislumbrar el menú del mañana y exploramos la ciencia, la ética y la inspiración que hay detrás de ellos.
Haz clic o desplázate por nuestra galería para descubrir los alimentos del futuro, en una cuenta atrás hasta llegar al más innovador de todos.
Adaptado al español por Ana Niño, Redactora en español para loveFOOD.
21. Carne cultivada en laboratorio
La carne cultivada en laboratorio —es decir, carne real producida a partir de células animales— ya ha sido aprobada en Singapur, en varios estados de EE.UU. (aunque no en Texas) y ya hay avances al respecto en el Reino Unido. En España todavía no se comercializa, pero ya se investiga: en San Sebastián se construye la que será una de las mayores fábricas de carne cultivada del mundo y los reguladores europeos están acelerando las revisiones de seguridad. En febrero de 2025 incluso se puso a la venta en el país el primer alimento para perros elaborado a partir de células de huevo de gallina.
Gracias a la reducción de los costes de producción, la carne cultivada se presenta como una alternativa ecológica y ética frente a la ganadería tradicional, aunque otra cuestión será si los consumidores están dispuestos a aceptarla.
20. Bebidas neuronutritivas
Las bebidas neuronutritivas forman parte del mercado de las bebidas funcionales, en pleno auge, y están diseñadas para favorecer la salud cerebral, la concentración y el estado de ánimo. Suelen incluir ingredientes como L-teanina, ginseng, adaptógenos y hongos funcionales como la melena de león o el reishi.
En el futuro, estas bebidas podrían llegar a personalizarse aún más —adaptándose a la edad, las necesidades cognitivas o incluso la genética—, ofreciendo una opción para estimular el cerebro y ayudarnos a afrontar unos estilos de vida cada vez más exigentes a nivel mental.
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19. Insectos comestibles
Los insectos comestibles, como grillos, gusanos de la harina y saltamontes, tienen un alto contenido en proteínas y se utilizan para elaborar frituras, barritas proteicas, pasta o pan. Más de 2.000 millones de personas los consumen de forma habitual, sobre todo en África, Asia y América Latina, donde los escarabajos y las orugas son de los más populares.
A medida que aumentan las presiones climáticas, la cría de insectos ofrece una manera de alimentar a las generaciones futuras con bajo impacto ambiental y un uso eficiente de la tierra. Con emisiones mucho más bajas que el ganado y generando miles de millones en ingresos anuales, los insectos comestibles ya no son una curiosidad: han llegado para quedarse.
18. Botellas inteligentes
La importancia de la hidratación es tan conocida que casi todo el mundo lleva consigo una botella de agua reutilizable. Sin embargo, estas están siendo sustituidas poco a poco por botellas de hidratación inteligentes, que utilizan sensores integrados y Bluetooth para controlar la ingesta de agua, sincronizarse con aplicaciones de salud y recordar a beber mediante luces, vibraciones o alertas en el teléfono.
Algunos modelos incluso ofrecen desinfección UV, control de temperatura y potenciadores enriquecidos con nutrientes. A medida que crece la tecnología del bienestar, estas botellas son una alternativa elegante y sostenible a los plásticos de un solo uso y un compañero inteligente para la salud diaria.
17. Agricultura vertical
La agricultura vertical consiste en cultivar en capas superpuestas, normalmente en interiores, utilizando métodos de cultivo sin suelo, como la hidroponía, en la que las plantas crecen en agua, o la aeroponía, en la que se suspenden en el aire y se rocían sus raíces con una solución rica en nutrientes.
Aunque todavía es una forma de agricultura minoritaria, se ha adoptado en países tecnológicamente avanzados como EE.UU., Japón, Singapur y los Países Bajos, donde se utiliza para cultivar verduras de hoja verde, hierbas y microverduras. A medida que la tecnología mejora, es probable que la agricultura vertical haga cada vez más popular.
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16. Alimentos rastreados mediante blockchain
Los alimentos rastreados mediante blockchain utilizan registros digitales seguros para documentar cada paso del recorrido de un producto, desde el huerto hasta la estantería. Esta tecnología empezó a explorarse en los años 2010 y hoy la emplean minoristas como Walmart en EE.UU., que rastrea productos en segundos; Carrefour en Francia, que controla pollos y lácteos; o JD.com en China, que verifica importaciones como la leche maternizada.
Para usarla, basta con escanear el código QR de un producto y obtener detalles sobre su origen. A medida que gana terreno en todo el mundo, se espera que la blockchain reduzca el fraude, agilice las retiradas de productos y genere más confianza en las cadenas de suministro globales.
15. Sensores de nutrición personalizados
Los sensores de nutrición personalizados comenzaron con los monitores continuos de glucosa (CGM), utilizados en el cuidado de la diabetes para controlar el azúcar en sangre en tiempo real. Hoy, plataformas como ZOE, una empresa británica especializada en nutrición personalizada, emplean estos dispositivos en personas sanas para estudiar cómo afectan distintos alimentos al metabolismo, combinando la información con el análisis de las grasas intestinales y sanguíneas. Estos conocimientos permiten adaptar las dietas a la biología de cada individuo.
En el futuro, los sensores nutricionales portátiles —e incluso comestibles— podrían evolucionar para registrar hormonas, inflamación y cambios en la microbiota, ofreciendo recomendaciones alimentarias verdaderamente personalizadas para favorecer la salud a largo plazo, el rendimiento y la prevención de enfermedades.
14. Micoproteínas
Las micoproteínas, elaboradas a partir de hongos, se desarrolló por primera vez en el Reino Unido los años 60 para hacer frente a la escasez mundial de alimentos. Comercializado como “Quorn” en los 80, ofrece proteínas y fibra de alta calidad con una fracción del impacto medioambiental de la carne. Hoy en día, además de actuar como sustituto de la carne en hamburguesas, nuggets y carne picada, la micoproteína también se utiliza para enriquecer alimentos básicos como el pan, la pasta, el arroz y los cereales para el desayuno, aumentando su contenido en fibra y proteínas.
De cara al futuro, los avances en la tecnología de biorreactores (que es como se fabrica la micoproteína) y la fermentación impulsada por la inteligencia artificial podrían ampliar su uso a alternativas lácteas y nutrición deportiva.
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13. Lácteos sin ingredientes de origen animal
Los lácteos sin origen animal utilizan la fermentación de precisión para producir proteínas lácteas sin necesidad de vacas. Empresas como Perfect Day, una biotecnológica de California especializada en lácteos alternativos, fueron pioneras en esta técnica, que consiste en insertar ADN de vaca en microbios como la levadura, que después se fermentan para generar caseína y suero. Estas proteínas permiten elaborar helados, quesos y alternativas a la leche con el mismo sabor y textura que los lácteos tradicionales.
A medida que la tecnología avance, los lácteos sin origen animal podrían estar mucho más disponibles, ofreciendo una alternativa con menor huella de carbono y libre de crueldad animal frente a los productos convencionales.
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12. Cultivos biofortificados
Los cultivos biofortificados se desarrollaron por primera vez en los años 90 para aumentar el contenido natural de nutrientes de alimentos básicos cotidianos, como las legumbres ricas en hierro, las batatas con vitamina A o el arroz enriquecido con zinc.
A diferencia de los organismos modificados genéticamente (OMG), que se crean en laboratorio introduciendo genes de otras especies, los cultivos biofortificados se obtienen mediante métodos tradicionales de cruce y selección de variedades que ya poseen más nutrientes de forma natural. Actualmente, son consumidos por cientos de millones de personas en todo el mundo y representan una forma inteligente y económica de mejorar la nutrición en regiones de bajos ingresos, con un gran potencial para variedades resistentes al clima y comidas que aportan más que simplemente saciar el apetito.
11. Algas
Los alimentos a base de algas tienen raíces profundas, desde los antiguos pasteles de espirulina aztecas hasta los alimentos básicos de algas marinas en toda Asia.
Hoy en día, las algas suelen aparecer en batidos, aperitivos y suplementos. Además, tienen beneficios que van más allá de sus atributos nutricionales: son sostenibles, crecen en cualquier lugar, desde el desierto hasta la costa, prosperan en agua de mar en lugar de agua dulce, e incluso pueden utilizarse en biocombustibles, envases y cosméticos.
Sorprendentemente, cuando se añaden algas rojas al pienso del ganado, se pueden reducir las emisiones de metano casi a la mitad. Por lo tanto, es de esperar que veamos mucho más de este pequeño organismo verde en el futuro.
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10. Aperitivos con huella de carbono negativa
Los aperitivos con huella de carbono negativa van un paso más allá de la sostenibilidad, ya que eliminan más CO₂ de la atmósfera del que generan. Marcas como Airly, que produce galletas saladas de avena mediante agricultura regenerativa, o 12 Tides, especializada en chips de algas cultivadas con métodos respetuosos con el océano, están marcando el camino. Estos snacks suelen elaborarse con ingredientes reciclados y utilizar envases compostables para reducir su impacto ambiental.
En el futuro, los aperitivos con huella de carbono negativa podrían transformar la producción alimentaria, convirtiendo los caprichos cotidianos en herramientas de acción contra el cambio climático.
9. Cereales perennes
Los cereales perennes, como el trigo Kernza (el primer cereal perenne disponible comercialmente en el mundo), crecen durante varios años sin necesidad de replantarlos, a diferencia de los cereales tradicionales como el trigo o el arroz, que son anuales y requieren siembra cada temporada.
La mayoría de las variedades producen actualmente cosechas durante tres o cuatro años, gracias a sus profundos sistemas radiculares, que también mejoran la salud del suelo y la retención de agua. Explorados por primera vez en el siglo XX, ahora se les considera el futuro de la agricultura sostenible.
8. Alimentos impresos en 3D
Aunque los alimentos impresos en 3D surgieron por primera vez en los 80 en la fabricación industrial, ganaron popularidad en la cocina en 2010 con la investigación de la NASA sobre nutrición espacial y los primeros prototipos, como la pizza y la pasta impresas. Hoy en día, se utiliza para personalizar las comidas según las necesidades dietéticas, las preferencias de textura y las condiciones médicas.
En el futuro, la impresión 3D podría reducir el desperdicio de alimentos, prolongar la vida útil y transformar ingredientes como las algas o las proteínas vegetales en formas gourmet, como estas intrincadas creaciones de chocolate.
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7. Alimentos reciclados
Los alimentos reciclados transforman ingredientes que, de otro modo, se desperdiciarían, como el grano usado, la pulpa de fruta o los excedentes de producción, en productos nutritivos y listos para su comercialización. Por ejemplo, la empresa estadounidense ReGrained recicla el grano usado en la elaboración de cerveza y lo convierte en barritas energéticas.
El proceso de reciclaje de alimentos está ayudando a reducir los residuos que van a parar al vertedero y las emisiones de metano, y se espera que algún día los alimentos reciclados conviertan las sobras y los subproductos en ingredientes sabrosos y útiles, no solo para aperitivos, sino también para comidas escolares, cafeterías y comidas preparadas.
6. Nutrición elaborada con IA
La nutrición basada en la inteligencia artificial utiliza algoritmos para analizar datos de dispositivos wearables, pruebas genéticas y hábitos de vida con el fin de crear comidas personalizadas y planes de dieta completos. Hoy en día, plataformas como ZOE combinan la IA con monitores de glucosa para realizar un seguimiento de las respuestas individuales a los alimentos.
Con el tiempo, esto podría ayudar a prevenir enfermedades crónicas, detectar intolerancias alimentarias, planificar comidas sostenibles y orientar la elección inteligente de alimentos. También se utiliza en la fabricación de alimentos para reducir los residuos y mejorar la calidad, lo que podría transformar la forma en que comemos, compramos y producimos nuestros alimentos.
5. Comidas gourmet liofilizadas
Las comidas liofilizadas se utilizaron por primera vez como raciones militares y espaciales en el siglo XX gracias a su larga vida útil y a la conservación de sus nutrientes. Hoy en día, han evolucionado hasta convertirse en platos elaborados por chefs para foodies curiosos, supervivencialistas exigentes y compradores ocupados, ofreciendo sabores con calidad de restaurante en envases ligeros.
Las innovaciones se centran ahora en reducir el desperdicio de alimentos mediante la liofilización de los excedentes. A medida que crece la demanda, estas comidas podrían convertirse en algo habitual, ya que combinan comodidad, sostenibilidad y nutrición para quienes buscan alimentos de alta calidad en cualquier momento y lugar, incluso en el espacio.
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4. Marisco cultivado en células
Los productos del mar cultivados en células, que no se obtienen mediante la pesca ni la acuicultura, se crean a partir del cultivo de células de peces o mariscos en biorreactores (cámaras especializadas que reproducen entornos controlados para el crecimiento celular). Esta tecnología, que empezó a explorarse el 2010, ofrece una alternativa sostenible y libre de mercurio en un contexto en el que las poblaciones de peces silvestres están disminuyendo y la acuicultura ejerce presión sobre los ecosistemas.
Empresas como BlueNalu y Avant Meats ya están desarrollando filetes de atún, salmón y crustáceos. A medida que las técnicas mejoren, los productos del mar cultivados en células podrían aportar proteínas ricas en nutrientes y trazables, con un menor impacto medioambiental, ayudando a satisfacer la demanda mundial y a proteger la vida marina.
3. Café sintético
El café sintético se elabora sin granos, utilizando microbios modificados genéticamente o ingredientes reciclados, como huesos de dátiles, para reproducir el sabor y el aroma del café. Se desarrolló en respuesta a las amenazas climáticas y la deforestación relacionadas con el cultivo tradicional del café, que a menudo destruye el hábitat de animales como los osos perezosos y los elefantes debido a la tala de bosques.
Al imitar compuestos clave como la cafeína, las empresas de café sintético pretenden ofrecer una alternativa sostenible que podría reducir el uso de la tierra, el consumo de agua y la pérdida de biodiversidad.
2. Proteína aérea
La proteína aérea se desarrolló en California en 2019, inspirada en la investigación de la NASA de los años 60 sobre nutrición apta para el espacio. Se elabora convirtiendo el dióxido de carbono en proteína mediante fermentación, sin necesidad de granjas, luz solar ni suelo.
En la actualidad, se está estudiando como una alternativa a la carne respetuosa con el clima, rápida de producir y que requiere poco uso de tierra. En los próximos años, podría ayudar a alimentar a una población en crecimiento con proteínas de larga duración que contienen un mínimo de aditivos y no dependen de los métodos agrícolas tradicionales ni de complicadas cadenas de suministro.
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1. Alimentos espaciales
La agricultura espacial comenzó con los experimentos de la NASA en los años 80, en los que se probaban cultivos como el trigo a bordo de naves espaciales. Desde entonces, los astronautas han logrado cultivar lechugas y rábanos en la Estación Espacial Internacional (ISS), y los investigadores han conseguido hacer crecer tomates, guisantes y rúcula en suelos que simulan las condiciones de Marte y de la Luna.
Estos ensayos son prometedores para el cultivo de alimentos fuera de la Tierra mediante hidroponía, iluminación LED y nutrientes reciclados. En el futuro, la agricultura espacial podría sostener misiones de larga duración, bases lunares e incluso asentamientos en Marte, produciendo alimentos que, literalmente, están fuera de este mundo.
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