Las apariencias engañan: 25 alimentos extraños que saben mejor de lo que parecen
Las apariencias realmente pueden engañar
Dicen que comemos con los ojos, pero ¿qué ocurre cuando esa primera impresión nos juega una mala pasada y nos hace rechazar un plato antes de probarlo? Con esta idea en mente, hemos hecho una inmersión en lo raro y lo sorprendente, descubriendo algunos de los alimentos más extraños del mundo que, pese a su aspecto, esconden un sabor fantástico.
Sigue leyendo y descubre este recuento de los más curiosos (y probablemente más sabrosos) de todos ellos.
Adaptado al español por Ana Niño, Redactora en español para loveFOOD.
25. Pie floater, Australia
Este clásico australiano no es precisamente el plato más sofisticado, pero eso no significa que no esté delicioso. Originario de Adelaida, en 2003 el pie floater fue declarado “icono del patrimonio de Australia Meridional” por el National Trust of Australia —una organización dedicada a la conservación del patrimonio histórico y cultural—. Este sustancioso plato consiste en un pastel de hojaldre, normalmente de ternera, servido boca abajo en un cuenco de sopa espesa de guisantes verdes. Pocos considerarían completo su “tarta flotante” sin una generosa dosis de kétchup.
24. Chili de Cincinnati, EE.UU.
De aspecto mucho más picante que el chili que se sirve en otros lugares de EE.UU., el chili de Cincinnati se distingue por su salsa espesa con clavo, nuez moscada y canela, y por su peculiar forma de servirlo. Este plato típico de la ciudad suele presentarse sobre espaguetis y cubierto con generosas raciones de queso cheddar rallado, cebolla, alubias y unas pequeñas galletitas saladas crujientes (conocidas en EE.UU. como oyster crackers). El resultado no es muy bonito, pero está delicioso.
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23. Oreilles de crisse, Canadá
Las oreilles de crisse —que en francés significa literalmente “orejas de Cristo”— son un plato típico de Quebec, especialmente popular durante la temporada de las cabañas de azúcar: cuando se recolecta y hierve la savia del arce para producir sirope, una tradición festiva muy arraigada en la región. No son muy vistosas, pero, como demuestra este ranking, no todo es apariencia.
Este aperitivo salado consiste en cortezas de cerdo ahumadas fritas u horneadas hasta quedar crujientes, que luego se rocían con una generosa cantidad de sirope de arce. Se pueden comer solas o como acompañamiento de guisos, alubias o huevos fritos.
22. Boudin noir, Francia
El boudin noir, también conocido como black pudding, un embutido similar a nuestra morcilla, es rico y tradicional elaborado con despojos de cerdo, condimentos y especias, todo ello ligado con sangre de cerdo. En Francia, es habitual ver el boudin noir servido con puré y rodajas de manzana, mientras que muchos británicos afirman que un desayuno inglés completo no está completo sin una ración de morcilla. En cualquier caso, y a pesar de su aspecto algo desagradable, los aficionados se deshacen en elogios sobre su delicioso sabor.
21. Douhua, China
El douhua, elaborado con una mezcla de leche de soja y gelatina (u otro agente gelificante), es un pudín de tofu suave y cremoso que se consume en toda China. En el sur, se suele servir como postre rociado con sirope de jengibre dulce, mientras que en el norte del país se acompaña con una salsa salada. En cualquier caso, gracias a su aspecto pálido y cuajado, el douhua no es el plato más apetecible. Sin embargo, eso no le resta méritos a su textura sedosa y su sabor reconfortante.
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20. Huevos centenarios, China
Con sus tonos azul oscuro y ámbar y su interior gelatinoso, basta con mirarlos para darse cuenta de que no son unos huevos corrientes. Este manjar tradicional asiático —también conocido como “huevos milenarios” o century eggs— se prepara conservando huevos de pato, codorniz o gallina durante varias semanas en una mezcla de té, arcilla, sal, ceniza de madera y cal viva.
Aunque su aspecto pueda intimidar, los huevos centenarios tienen un sabor salado e intenso muy apreciado y una textura suave y cremosa.
19. Tofu apestoso, Taiwán
El tofu se presenta en muchas formas, y el tofu apestoso podría ser la versión más extraña (y maloliente) de todas. Aquí, los bloques de cuajada de soja prensada se dejan en remojo durante varios meses en una salmuera elaborada con leche fermentada, verduras y carne, hasta que adquieren un aspecto azul negruzco. Sin embargo, eso no es lo más destacable de este alimento, ya que ese honor recae, como su nombre indica, en su olor, que a menudo se compara con el de la basura en descomposición. Dicho esto, una vez frito y servido con salsa de soja y verduras encurtidas, el tofu apestoso es rico en umami y delicioso.
18. Médula ósea asada, Reino Unido
A pesar de haberse convertido en uno de los platos favoritos de los restaurantes en los últimos años, sigue siendo bastante inusual que te sirvan un plato de huesos y una cuchara para comerlos. Por supuesto, lo interesante aquí no son los huesos, sino la médula ósea, intensamente carnosa. Saca esa sustancia blanquecina, úntala en una tostada y disfrútala, o simplemente coge los huesos y empieza a roer, tú eliges. En cualquier caso, este plato ofrece mucho más de lo que promete su aspecto.
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17. Crubeens, Irlanda
Las crubeens son manitas de cerdo deshuesadas que se cocinan hasta que la piel y la carne quedan blandas y tiernas, momento en el que suelen freírse y se comen con la mano, como si fueran mazorcas de maíz. Se trata de uno de los platos tradicionales más populares de Irlanda, así que no dejes que su aspecto te eche para atrás: son un aperitivo adictivo y uno de los platos favoritos de los pubs, por una buena razón.
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16. Laverbread, Gales
Profundamente arraigado en la historia de Gales, el laverbread —conocido cariñosamente como “caviar galés”— no es un pan, sino una pasta cocinada a fuego lento a base de algas. Si se supera su color verde oscuro y turbio y su textura gelatinosa y algo blanda, sorprende tanto por ser rico en hierro, vitaminas y minerales, como por su sabor agradablemente salado.
Se suele servir en un desayuno tradicional galés, y muchos aseguran que es imposible resistirse.
15. Mano de Buda, China
Con su peculiar aspecto, que incluye largos dedos amarillos y afilados, no es difícil adivinar cómo recibió su nombre esta fruta cítrica originaria de Asia. El número de dedos de cada mano de Buda puede variar entre cinco y veinte, aproximadamente, y ninguno de ellos contiene pulpa comestible. En cambio, lo que se aprecia es la corteza cítrica y rica en aceite de la fruta, cuya ralladura se utiliza a menudo para dar un fantástico sabor floral a bebidas, pasteles, siropes e incluso platos de pasta.
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14. Smörgåstårta, Suecia
El smörgåstårta, el “pastel de sándwich sueco”, fue un plato muy popular en la Suecia de los años 70 y tiene un aspecto decididamente kitsch. Estos "pasteles" para compartir se elaboran con rebanadas de pan rellenas de todo tipo de ingredientes y suelen decorarse con un glaseado salado a base de queso crema batido, mayonesa y crema agria. Aunque se tiende a exagerar con los rellenos, cuando se prepara de forma sencilla y ligera (como una smörgåstårta de marisco con salmón ahumado y gambas), este plato puede resultar delicioso.
13. Hackepeter, Alemania
En su forma más simple, el plato alemán conocido como Hackepeter (o Mett) consiste en carne de cerdo picada cruda, sazonada con sal y pimienta y servida sobre pan o tostadas. Sin embargo, cuando se prepara al estilo de las fiestas de los años setenta, adquiere un aire festivo: el hackepeter se convierte en mett-igel (erizo de Mett), ya que la carne de cerdo cruda se moldea en forma de montículo y se decora con trozos de cebolla para que parezca un simpático erizo.
Los aficionados al hackepeter destacan su textura suave y sedosa, su intenso aroma a carne y su sabor. ¡Y el aspecto del erizo resulta de lo más curioso.
12. Haggis, Escocia
El haggis no es precisamente un manjar a primera vista, pero hay una razón por la que los escoceses lo aprecian tanto. Se elabora con menudillos de oveja mezclados con avena, cebolla, sebo y especias, y tradicionalmente se cocina en el estómago del propio animal. Pese a su aspecto, compensa con un sabor intenso y terroso y una textura marcada por la avena.
Se sirve acompañado de neeps (nabos) y tatties (papas o patatas), y es el plato imprescindible de la Noche de Burns, la celebración anual en honor al poeta escocés Robert Burns, perfecta para entrar en calor en un día frío de invierno.
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11. Escargot a la Bourguignonne, Francia
Para muchos, probar el escargot por primera vez es un paso demasiado grande y es imprescindible apartar de la mente cualquier recuerdo de los caracoles de jardín. Si eres capaz de hacerlo, te espera un auténtico manjar. Servidos en su caparazón, recién salidos del horno y bañados en mantequilla de ajo y perejil, este manjar francés es sencillamente sensacional. La carne del caracol tiene una textura tierna, mientras que su sabor limpio combina a la perfección con la mantequilla de sabor intenso.
10. Cendol, Sudeste Asiático
Se dice que el cendol se disfruta en su forma más primitiva desde hace aproximadamente un siglo, lo que demuestra su vigencia como postre tradicional. Y, dado su aspecto algo peculiar, eso ya es mucho decir.
Lo más característico de este dulce helado son los curiosos “gusanos” verdes gelatinosos elaborados con harina de arroz y aromatizados con hojas de pandán que aparecen en todas las versiones del plato. En la popular variante malaya, estos fideos verdes se acompañan con pasta de judías rojas azucaradas, hielo picado y leche de coco fresca.
9. Anguilas en gelatina, Reino Unido
Las anguilas en gelatina fueron muy populares en Londres durante el siglo XVIII, cuando la abundancia de anguilas en el río Támesis las convirtió en un alimento barato y accesible para la clase trabajadora del East End. Su aspecto puede resultar extraño: una vez hervidas y dejadas enfriar en su propio caldo, se forma alrededor una gelatina blanda, similar al aspic, que les da su textura gelatinosa característica.
Como bien diría cualquier cockney —un habitante tradicional del East End londinense—, se disfrutan mejor acompañadas de un plato humeante de pastel y puré en una de las clásicas pie and mash shops tradicionales.
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8. Larvas de Witchetty, Australia
Si puede superar el aspecto de las larvas regordetas que viven en la madera conocidas como gusanos witchetty (y sí, cuesta un poco), podrá disfrutar de un aperitivo realmente sabroso, nutritivo y rico en proteínas. Aunque se pueden comer crudos, los aficionados recomiendan ensartarlos en brochetas y asarlos a la parrilla, para que desarrollen una piel crujiente y un sabor agradable que se ha comparado con el de los huevos revueltos y el pollo satay.
7. Gusanos mopani fritos, Sudáfrica
Ingrediente tradicional de la cocina sudafricana, estas orugas comestibles se dejan secar al sol antes de ser devoradas como alternativa proteica a la carne. Aunque se pueden comer tal cual, también se suelen freír con cebolla, ajo y verduras hasta que quedan crujientes. En los últimos años, la pizza mopani ha despertado mucho interés, y es fácil entender por qué: hay pocos ingredientes que no sepan bien (o al menos mejor) cuando se añaden a una pizza recién horneada y cubierta de queso.
6. Tostada Hawaii, Alemania
Si no te gusta la piña en la pizza, mejor no sigas leyendo. La tostada hawaiana lleva la idea de combinar esta fruta tropical con ingredientes salados a un nivel completamente nuevo. Este apreciado sándwich abierto, un plato alemán de los años 50, consiste en una rebanada de pan cubierta con una loncha de jamón, un imprescindible aro de piña en conserva y una capa de queso. Una vez tostado, el plato se suele rematar con una cereza (o una generosa cucharada de mermelada) para conseguir una combinación dulce, salada, cremosa y afrutada que realmente funciona.
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5. Stargazy pie, Reino Unido
Este plato de aspecto inusual, un clásico regional originario del pequeño pueblo pesquero de Mousehole, en Cornualles, Inglaterra, parece sacado de una canción infantil. La caprichosa tarta stargazy se distingue por la variedad de cabezas de pescado (normalmente sardinas o arenques) que sobresalen de la tapa de hojaldre, como si los peces estuvieran mirando al cielo. El relleno del pastel suele ser una mezcla cremosa de huevo, tocino y papas o patatas, que combina a la perfección con la masa mantecosa. En resumen, si puedes hacerte a la idea de las cabezas de pescado, te espera una delicia.
4. Sopa de huevos de hormiga, Tailandia
La sopa de huevos de hormiga, un manjar tailandés y laosiano, se elabora con pescado cabeza de serpiente, verduras y hormigas blancas y sus huevos, que flotan en un caldo de pescado aromático. Aunque quizá no sea el plato más apetecible a la vista, una vez que empiezas a saborearlo, las pequeñas hormigas blancas le dan un sabor ácido y agrio, mientras que los huevos estallan en la boca como caviar y tienen un ligero sabor a nuez.
3. Spaghettieis, Alemania
A primera vista, esta imponente torre de espaguetis cubierta de salsa de tomate y queso rallado parece un plato de pasta de lo más normal. Pero si se observa con atención, se descubre que nada es lo que parece: la salsa es pegajosa, hay fresas a los lados y… ¿algunos de los espaguetis empiezan a derretirse? Así es: en realidad se trata de un sundae de helado.
El Spaghettieis fue inventado en Alemania en los años 60 y, hoy en día, este postre —con sus hebras de helado, su salsa de fresa de color rojo brillante y sus virutas de chocolate blanco— está viviendo un auténtico renacimiento en popularidad.
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2. Patas de pollo, Asia y África
Sí, lo que estás viendo es un plato de patas de pollo. No apto para cardiacos ni estómagos delicados, las patas de pollo, ricas en colágeno, se consideran un manjar en muchas partes de África y Asia. Las técnicas de preparación varían: se pueden guisar, cocer al vapor, freír hasta que queden crujientes o cocer a fuego lento y añadir a una salsa o sopa, como en la foto. Sea cual sea la forma en que las comas (y realmente deberías probarlas), prepárate para sorprenderte gratamente con su sabor suave y ligeramente dulce.
1. Geoducks, EE.UU.
Las almejas geoduck son nada menos que las almejas excavadoras más grandes del mundo, originarias de la costa noroeste del Pacífico, en EE.UU. y Canadá. Estas almejas de agua salada de gran tamaño suelen pesar alrededor de 1,5 kg cada una y tienen un cuello largo y protuberante (llamado sifón) que sobresale de su concha.
Consideradas una auténtica joya culinaria, los chefs las valoran por su sabor dulce y puro y por su textura delicada y crujiente.
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