Fotografías inéditas de la opulencia real: Cocinas de la realeza a lo largo de la historia
Echa un vistazo a las magníficas cocinas de la realeza
La realeza siempre ha sido famosa por sus banquetes opulentos, desde el pavo real asado entero de Enrique VIII hasta el venado rociado con whisky que adoraba Isabel II. Pero ¿qué hay de los espacios donde se preparaban y servían estas exquisiteces?
Aunque castillos y palacios albergan comedores deslumbrantes, decorados con tesoros de valor incalculable, las cocinas reales suelen ser sorprendentemente sencillas. En este recorrido, exploramos ambos espacios: desde comedores de gala hasta cocinas históricas, en residencias que han servido a monarcas del pasado y del presente.
Siéntate a la mesa real y haz clic o desplázate para ver las cocinas y comedores palaciegos a lo largo de la historia…
Adaptado al español por Ana Niño, Redactora en español para loveFOOD.
La reina María Pía de Portugal (1862-1889)
Hija del primer rey de Italia, María Pía estaba más que acostumbrada a la buena vida cuando se convirtió en reina de Portugal. Tras casarse con el rey Luis I en 1862, abrazó la vida cortesana con estilo, organizando extravagantes bailes de máscaras y cenas suntuosas, y gastando a menudo una pequeña fortuna solo en sus deslumbrantes vestidos de baile.
Incluso después de la muerte de su marido, María Pía siguió celebrando elaboradas reuniones en el Palácio Nacional da Pena, donde se servían platos como codillo de ternera asado y conchas de vieira rellenas de salmón, setas y trufas.
El comedor del Palácio Nacional da Pena, Portugal
Este íntimo comedor se encuentra escondido en el Palacio Nacional de la Pena, en Sintra. La reina María Pía de Portugal celebraba aquí sus reuniones, aunque originalmente el edificio fue un monasterio, y los monjes utilizaban este refectorio antes de que se convirtiera en el comedor privado de la familia real.
La mesa podía ampliarse para acoger a 24 comensales, cuyas conversaciones resonaban en las brillantes paredes y en las tejas del techo. Sin embargo, el verdadero protagonista es su techo abovedado del siglo XVI. La vajilla de porcelana que aparece en la imagen corresponde a la época real.
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La cocina del Palácio Nacional da Pena, Portugal
Las opulentas comidas de 12 platos no eran nada fuera de lo común para la familia real portuguesa, que podía cenar sorbete de champán y mousse de langosta sin pensar demasiado en quién preparaba tales exquisiteces.
Entre bastidores, esta magnífica cocina estaría llena de actividad, con cocineros y ayudantes trabajando sin descanso entre tres hornos rugientes. Los moldes de cobre, que aún se conservan, se utilizaban para dar forma a pudines con aspecto de castillos y a patés moldeados como cerdos o aves, listos para impresionar en la mesa real.
Enrique VIII de Inglaterra (1509-1547)
Además de sus seis esposas, Enrique VIII es probablemente más recordado por su apetito voraz. Las cartas de comida reales de su época como rey resultan sorprendentes e incluyen platos que hoy parecerían extravagantes o directamente extraños para los paladares modernos.
Los cocineros que querían conservar la cabeza sobre los hombros se esmeraban por impresionar al famoso monarca, célebre por su temperamento voluble, con manjares que iban desde pavos reales asados, presentados con picos dorados y plumaje espectacular, hasta cisnes adornados con auténticas coronas.
El gran salón del palacio de Hampton Court, Inglaterra
Enrique VIII llegó a poseer más de 60 residencias, aunque se dice que su favorita era el palacio de Hampton Court, que confiscó al cardenal Wolsey. Algunos de los 400 cortesanos que vivían allí comían dos veces al día en el gran salón, mientras que el monarca prefería hacerlo en sus aposentos privados.
Su banquete habitual podía incluir un inmenso bufé con ternera, ternera lechal, venado, faisán, alondras, conejos y gaviotas, además de una selección de dulces.
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La cocina del palacio de Hampton Court, Inglaterra
Con cítricos del Mediterráneo, azúcar de Chipre y especias procedentes de China, los cocineros de Hampton Court contaban con más ingredientes que nunca para elaborar sus platos. ¡Incluso había marsopa en el menú!
Nobles e incluso sirvientes esperaban hasta 20 platos diferentes de carne al día, y cualquier cosa menos se consideraba un insulto. Alrededor de 200 cocineros y empleados preparaban más de 800 comidas diarias en estas cocinas, las más grandes de la Inglaterra de los Tudor, que un visitante describió como “auténticos infiernos” por su intenso calor y su ritmo implacable.
Reina Isabel II de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (1952-2022)
Según un antiguo chef real citado en la revista británica Hello!, especializada en prensa del corazón y estilo de vida de famosos, la reina Isabel II no era especialmente aventurera en lo gastronómico. Sin embargo, le gustaban los platos británicos y franceses, como el filete de venado con salsa de champiñones al whisky y el fletán con salsa Mornay.
Aunque “comía para vivir” y se ceñía a los mismos menús semana tras semana, la difunta monarca podía elegir entre encantadoras salas para cenar.
El comedor del castillo de Windsor, Inglaterra
Aunque el palacio de Buckingham era la residencia oficial de la monarca, el castillo de Windsor, en el condado de Berkshire, era su hogar más querido y su refugio frente a la vida pública. Aquí, el comedor de Estado aparece decorado para Navidad y engalanado con la “gran vajilla”, un espectacular servicio encargado por el rey Jorge IV en 1806 que consta de 4.000 piezas.
La sala sufrió graves daños cuando el castillo fue devastado por un incendio en 1992, pero, aunque la escayola de estilo gótico quedó destruida, la mayor parte del mobiliario se salvó. La restauración se llevó a cabo durante los cinco años siguientes.
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La cocina del castillo de Windsor, Inglaterra
Construidas hace más de 750 años durante el reinado de Eduardo III, las cocinas de Windsor están llenas de historia, con techos altos, chimeneas del siglo XIV y moldes para gelatina con el sello de la reina Victoria. Sin embargo, al formar parte de una residencia real en funcionamiento, las cocinas también están equipadas con todas las comodidades modernas.
En un guiño a la tradición, el chef real escribe todos los menús en francés antes de que sean revisados y aprobados por el monarca. Esta foto fue tomada en mayo de 2018, mientras los chefs preparaban el banquete de boda del príncipe Harry y Meghan Markle, duquesa de Sussex.
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El rey Jacobo IV de Escocia (1488-1513)
El rey Jacobo IV de Escocia fue un monarca popular, recordado por unificar el país, apoyar las artes y su afición por el entretenimiento y la buena mesa. Las copias de los libros de cuentas de la casa real detallan los ingredientes adquiridos, entre los que figuraban buey, jabalí, cordero, cabrito, conejos, gansos, codornices, mantequilla, queso e incluso una grulla.
Para un banquete navideño ofrecido a un embajador francés en 1511, Jacobo encargó numerosas ocas, capones, gallos, cordero y carnero, así como 1.500 patas de oveja y 508 patas de vaca para preparar gelatina.
El gran salón del castillo de Stirling, Escocia
El castillo de Stirling se construyó alrededor del siglo XII, aunque ya existía algún tipo de fortaleza en ese lugar desde la prehistoria. Jacobo IV añadió este impresionante gran salón en 1503 para celebrar fastuosos banquetes para los alquimistas, eruditos y artistas europeos que reunía a su alrededor. Como era de esperar, la deliciosa comida era el elemento central de estos festines y era fundamental para la delicada diplomacia de la corte.
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La cocina del castillo de Stirling, Escocia
Cuando se construyó el gran salón del castillo, también se habilitaron varias cocinas en sus proximidades para dar servicio a los grandes eventos que se celebraban en este espacio de entretenimiento. En ellas trabajaban hasta 60 personas —en su mayoría hombres—, entre cocineros, panaderos, despenseros, bodegueros, pasteleros, ayudantes y una única lavandera.
En el siglo XVII, las cocinas se rellenaron para crear una base sobre la que instalar una batería defensiva. Fueron excavadas y restauradas en 1921, y hoy están abiertas al público.
La reina María de Hannover (1851-1866)
La reina María de Hannover recibió el castillo de Marienburg como regalo de su marido, el rey Jorge V, por su cumpleaños en 1857. Construido en un romántico estilo neogótico, se convirtió en su preciado refugio de verano, al que llamó su El Dorado, en referencia a la mítica ciudad del oro. Aunque lleno de encantadores detalles arquitectónicos, el castillo nunca se utilizó para el entretenimiento de la corte. La anexión de Hannover por Prusia en 1866 supuso el exilio de María y Jorge antes de que se terminara de construir el castillo. Sin embargo, su interior es realmente impresionante.
El comedor del castillo de Marienburg, Alemania
Con sus techos abovedados y ventanas en arco, el comedor del castillo de Marienburg recuerda a un gran salón medieval, con una larga mesa de banquete y pesadas sillas de respaldo alto. Los tapices, la piedra tallada y las vidrieras refuerzan el ambiente romántico y de cuento de hadas de la estancia.
En este espacio, la reina podía dejar atrás los tiempos turbulentos y sumergirse en un ambiente de otra época, más para disfrutar y relajarse que para impresionar o influir en las figuras políticas.
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La cocina del castillo de Marienburg, Alemania
A pesar de su encanto, las cocinas del castillo solo se utilizaron de forma regular cuando la reina María y sus hijos se mudaron allí brevemente, antes de marcharse para reunirse con el rey Jorge en el exilio. Aunque fueron diseñadas para atender a una pequeña familia real durante sus vacaciones de verano, aún conservaban grandes cocinas de hierro fundido, un antiguo calentador de agua y las dependencias del servicio.
No podemos hablar por el personal de María, pero nosotros sin duda disfrutaríamos cocinando en esta cocina digna de un cuento de hadas.
El rey Carlos III de Gran Bretaña e Irlanda del Norte
Desde que accedió al trono en 2022, el rey Carlos III ha celebrado numerosos actos oficiales en el palacio de Buckingham, su residencia oficial en Londres. Durante el reinado de la reina Isabel II se organizaron más de 150 visitas de Estado, cada una acompañada de un fastuoso banquete, lo que supone una media de dos al año. Carlos celebró el suyo apenas dos meses después de convertirse en monarca.
Aunque sigue principalmente una dieta vegetariana, el rey prefiere los alimentos locales y de temporada, como huevos, cordero, faisán y setas silvestres.
El salón de banquetes del palacio de Buckingham, Inglaterra
El salón de banquetes del palacio de Buckingham tiene capacidad para 170 invitados. El rey Carlos y la reina Camila se sientan en la mesa principal junto a su invitado de honor y otros miembros de la familia real.
Las espectaculares mesas se decoran con más de 100 velas en candelabros de plata dorada, acompañadas de arreglos de frutas y flores de temporada. Los platos se sirven en el Grand Service, un juego de vajilla de plata dorada encargado en 1806 por 79.800 dólares o 68.900 euros, lo que equivaldría hoy a unos 6,4 millones de dólares o 5,4 millones de euros.
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La cocina del palacio de Buckingham, Inglaterra
El banquete de Estado ofrecido a Singapur en 2014 es un ejemplo perfecto de este tipo de menús e incluía filetes de lenguado rellenos de mousse de salmón, faisán escalfado, una bomba de helado de chocolate y praliné, y una bandeja de fruta de temporada, todo acompañado de varios vinos.
Aunque el palacio se construyó en el siglo XVII, sus modernas cocinas están preparadas para alimentar a unas 800 personas al día, desde la familia real y sus invitados hasta damas de compañía, secretarios privados, ayudantes de cámara, vestuaristas, agentes de policía y jardineros.
El rey Luis XVI y la reina María Antonieta de Francia (1774-1792)
El rey Luis XVI y la reina María Antonieta son recordados por su extravagante estilo de vida, especialmente por las lujosas fiestas que organizaban en el Palacio de Versalles. Disfrutaban celebrando bailes opulentos, veladas de máscaras y representaciones teatrales que exhibían su riqueza y sofisticación.
Sin embargo, su gusto por el lujo se convirtió en símbolo del exceso de la monarquía y alimentó el descontento popular en una época de penurias. La indulgencia de estos monarcas, percibidos como insensibles, contribuyó a su caída, y ambos fueron ejecutados en 1793.
El comedor de porcelana del Palacio de Versalles, Francia
Aunque Versalles cuenta con numerosos espacios grandiosos para el entretenimiento, el comedor de porcelana se encuentra escondido en los aposentos privados del rey. Luis XVI y María Antonieta utilizaban esta sala para celebrar cenas íntimas con unos 40 invitados, sentados alrededor de una mesa extensible. Si había demasiados asistentes, los hombres comían en la sala contigua, en un bufé dispuesto sobre una mesa de billar.
Cada Navidad, el rey exhibía las últimas piezas de porcelana de Sèvres —una famosa manufactura francesa fundada en el siglo XVIII y considerada una de las más prestigiosas del mundo— que había coleccionado, y que dieron nombre a la sala.
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El oficio real del palacio de Versalles, Francia
Varios miles de nobles y sirvientes vivían en Versalles, por lo que se necesitaban enormes cocinas para atender las demandas de la corte. Aunque hay pocas imágenes de las cocinas principales del palacio, las del Petit Trianon —el refugio de María Antonieta en los jardines de Versalles— nos dan una idea de cómo podían ser.
Este elegante oficio era el lugar donde se mantenía y almacenaba la comida antes de ser servida. María Antonieta mandó cerrarlo debido al olor de la comida que llegaba hasta sus aposentos.
El rey Carlos III de España (1759-1788)
Carlos III solía cenar solo, pero ante la presencia de su séquito, como símbolo de autoridad real y transparencia. Aunque lujosas para los estándares actuales, sus comidas eran notablemente más sobrias que las fastuosas veladas que se celebraban en otras cortes europeas.
Menos dado a las recepciones que sus vecinos franceses, Carlos III utilizaba la mesa como instrumento para reflejar su visión moderna de la monarquía, suavizar los estrictos rituales cortesanos que había heredado y dar un carácter más público a las comidas reales.
El comedor de gala del Palacio Real de Madrid, España
Este impresionante comedor de gala fue diseñado por el arquitecto italiano Francesco Sabatini, a quien Carlos III encargó la renovación y ampliación del interior del palacio. Decorada en estilo neoclásico, la sala luce frescos en el techo que representan mitos clásicos y está iluminada con la luz cálida de lámparas de araña de cristal y bronce.
Con capacidad para 140 comensales, rivaliza con el salón de banquetes del palacio de Buckingham en cuanto al número de invitados que puede acoger.
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La cocina del palacio Real de Madrid, España
El periodo en el que Carlos III gobernó Nápoles y Sicilia dejó huella en la corte española, ya que introdujo sabores italianos a través de los platos que se elaboraban en estas cocinas. Los altos techos abovedados y los imponentes arcos de piedra dominan el amplio espacio, que alberga una gran estufa de hierro, un calentador de platos, neveras de madera, fregaderos de piedra y grandes mesas de preparación.
Las paelleras, los moldes de cobre y los utensilios de repostería sugieren que en el palacio se servían paellas tradicionales, elaborados pasteles y refinadas creaciones de chocolate.
El emperador Francisco José I de Austria y Hungría (1848-1916)
Francisco José era conocido por su estilo de vida disciplinado y austero, algo que probablemente contribuyó a su longevidad y a su reinado de casi 68 años. A pesar de la grandiosidad de su corte, mantenía una estricta rutina diaria, prefería las comidas sencillas y a menudo cenaba solo.
En contraste, la emperatriz Elisabeth, conocida como “Sisi”, encontraba asfixiante esta rígida vida cortesana y, según se dice, padecía trastornos alimentarios.
El comedor del palacio de Hofburg, Austria
Todos los domingos, toda la familia real que estuviera en Viena debía asistir a una cena en el comedor de los aposentos imperiales. La mayoría de las demás reuniones que se celebraban en esta sala tenían un carácter político más que de entretenimiento o diversión para el monarca.
Las cenas de la corte podían incluir hasta 13 platos, comenzando con un caldo, seguido de ostras, ensalada, pescado y carne, y finalizando con postre y queso. Los platos se servían puntualmente, con un sirviente asignado por cada dos comensales.
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La cocina del palacio de Hofburg, Austria
Por el contrario, cuando cenaba solo, Francisco José prefería la ternera hervida acompañada de verduras sencillas. Durante sus vacaciones en la ciudad balneario austríaca de Bad Ischl, se cuenta que solo consumía leche fermentada y pan de centeno.
Sisi, por su parte, disfrutaba de un sorbete elaborado con violetas, azúcar y champán. Los días en esta cocina comenzaban temprano, ya que el emperador desayunaba a las cinco de la mañana. Los cocineros pasaban el resto de la jornada preparando la comida para la familia real y para los 2.000 empleados de la corte.
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